Los occidentales somos deudores de una mentalidad racionalista, teórica e imaginaria. Hemos sido marcados por los filósofos de la lógica y los teólogos de la corriente neoplatónica.
La Biblia y la Espiritualidad cristiana son herederas de otra mentalidad que llamaremos oriental, sapiencial y simbólica. Es una mentalidad que enfatiza el valor de la experiencia sobre los conceptos, las ideas o imaginarios que alejan al hombre de las realidades fundamentales: Dios, Religión, Salvación, Amor, etc.
Nos vemos avocados a vivir la experiencia bajo la guÃa de una u otra mentalidad. Nuestra cultura ambiental, familiar, escolar nos han inculcado una mentalidad racionalista. Al llegar a Monticelo buscando un crecimiento personal y una luz para resolver los problemas de la vida cotidiana, nos vemos desafiados por los mÃsticos a una conversión de mentalidad que exige cambiar cerebro y corazón, tarea nada fácil, similar al desafÃo que le planteó Jesús a Nicodemo en el diálogo nocturno (Jn. 3) y a la Samaritana en el encuentro junto al pozo (Jn. 4). Ellos, Nicodemo y la Samaritana, al encontrar a Jesús se dejaron herir en el corazón por el Amor de Dios y abandonaron cántaros y normas seducidos por el ardor de ese Jesús que les cambiaba el corazón. Ya no siguieron siendo los mismos, sino creaturas nuevas igual que Pablo, Magdalena y Levà tras encontrar a aquel que sus almas buscaban sin saberlo.
Monticelo es una invitación permanente al mundo nuevo del EspÃritu. Quien llega a este lugar encontrará un llamado a vivir la existencia al estilo de Jesús, a salir de esa mentalidad racionalista que limita y empobrece la experiencia de Dios, y a aprender a vivir con mentalidad nueva (sapiencial) para llegar a ser creaturas nuevas, creaturas de amor que viven en la inmediatez de la relación amorosa con el verdadero Dios: el Padre de Nuestro Señor Jesucristo.
Acudamos a Monticelo como Nicodemo y la Samaritana en busca de la Luz y el Agua que necesitamos para tener en nosotros vida verdadera.
P. John Jairo Herrera Vargas, ocdÂ