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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2011

 

“Arraigados y edificados en Cristo, 
firmes en la fe”(cf. Col 2, 7)

Queridos amigos

Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos jóvenes y de toda la Iglesia. Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.

1. En las fuentes de vuestras aspiraciones más grandes

En cada época, también en nuestros días, numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz. Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes. Sí, la cuestión del lugar de trabajo, y con ello la de tener el porvenir asegurado, es un problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por así decir, “encerrados” por el poder dominante. Por ello, queríamos salir afuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación. Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye» (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudium et Spes, 36). La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio –como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia–, se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza.

Por este motivo, queridos amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto.

2. Arraigados y edificados en Cristo

Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres términos que san Pablo utiliza en: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Aquí podemos distinguir tres imágenes: “arraigado” evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; “edificado” se refiere a la construcción; “firme” alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes. Antes de comentarlas, hay que señalar que en el texto original las tres expresiones, desde el punto de vista gramatical, están en pasivo: quiere decir, que es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes.

La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta Jeremías escribe: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8). Echar raíces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad. «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo» (1 Jn 5,11). Jesús mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cuál será nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qué afectos hay que desarrollar… En este contexto, vuelvo a pensar en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tomé conciencia de que el Señor me quería sacerdote. Pero más adelante, después de la guerra, cuando en el seminario y en la universidad me dirigía hacia esa meta, tuve que reconquistar esa certeza. Tuve que preguntarme: ¿es éste de verdad mi camino? ¿Es de verdad la voluntad del Señor para mí? ¿Seré capaz de permanecerle fiel y estar totalmente a disposición de Él, a su servicio? Una decisión así también causa sufrimiento. No puede ser de otro modo. Pero después tuve la certeza: ¡así está bien! Sí, el Señor me quiere, por ello me dará también la fuerza. Escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo. No cuenta la realización de mis propios deseos, sino su voluntad. Así, la vida se vuelve auténtica.

Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2, 7), así como una casa está construida sobre los cimientos. En la historia sagrada tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios. El primero Abrahán. Nuestro padre en la fe obedeció a Dios, que le pedía dejar la casa paterna para encaminarse a un país desconocido. «Abrahán creyó a Dios y se le contó en su haber. Y en otro pasaje se le llama “amigo de Dios”» (St 2, 23). Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente a la llamada de Dios, fiándose de Él y poniendo en práctica su Palabra. Jesús mismo reprende a sus discípulos: «¿Por qué me llamáis: “¡Señor, Señor!”, y no hacéis lo que digo?» (Lc 6, 46). Y recurriendo a la imagen de la construcción de la casa, añade: «El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra… se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida» (Lc 6, 47-48).

Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que “cavó y ahondó”. Intentad también vosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino. Acoged con gratitud este don espiritual que habéis recibido de vuestras familias y esforzaos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios, convirtiéndoos en adultos en la fe. No creáis a los que os digan que no necesitáis a los demás para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Señor el haberla recibido y haberla hecho vuestra.

3. Firmes en la fe

Estad «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). La carta de la cual está tomada esta invitación, fue escrita por san Pablo para responder a una necesidad concreta de los cristianos de la ciudad de Colosas. Aquella comunidad, de hecho, estaba amenazada por la influencia de ciertas tendencias culturales de la época, que apartaban a los fieles del Evangelio. Nuestro contexto cultural, queridos jóvenes, tiene numerosas analogías con el de los colosenses de entonces. En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un “paraíso” sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un “infierno”, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.

El apóstol Pablo recuerda a los hermanos, contagiados por las ideas contrarias al Evangelio, el poder de Cristo muerto y resucitado. Este misterio es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana. Todas las filosofías que lo ignoran, considerándolo “necedad” (1 Co 1, 23), muestran sus límites ante las grandes preguntas presentes en el corazón del hombre. Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32). Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.

Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el “sí” de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.

4. Creer en Jesucristo sin verlo

En el Evangelio se nos describe la experiencia de fe del apóstol Tomás cuando acoge el misterio de la cruz y resurrección de Cristo. Tomás, uno de los doce apóstoles, siguió a Jesús, fue testigo directo de sus curaciones y milagros, escuchó sus palabras, vivió el desconcierto ante su muerte. En la tarde de Pascua, el Señor se aparece a los discípulos, pero Tomás no está presente, y cuando le cuentan que Jesús está vivo y se les ha aparecido, dice: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25).

También nosotros quisiéramos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más intensamente aún su presencia. A muchos se les hace hoy difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona. Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer. De hecho, Jesús mismo, apareciéndose nuevamente a los discípulos después de ocho días, dice a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27). También para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús, meter, por así decir, la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos jóvenes, aprended a “ver”, a “encontrar” a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.

Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 150). Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!».

5. Sostenidos por la fe de la Iglesia, para ser testigos

En aquel momento Jesús exclama: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). Pensaba en el camino de la Iglesia, fundada sobre la fe de los testigos oculares: los Apóstoles. Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal. El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucaristía nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jesús nos ha revelado: «Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros» (Catecismo de la Iglesia Católica, 166). Agradezcamos siempre al Señor el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31).

En la historia de la Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. De hecho, como dice el apóstol Juan: «¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5, 5). La victoria que nace de la fe es la del amor. Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, Jesús, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn 11, 40). También vosotros, si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo.

6. Hacia la Jornada Mundial de Madrid

Queridos amigos, os reitero la invitación a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Con profunda alegría, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia. La elección de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia. A lo largo de este año, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco.

Queridos jóvenes, la Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. Por ello, las Jornadas Mundiales de la Juventud son una gracia no sólo para vosotros, sino para todo el Pueblo de Dios. La Iglesia en España se está preparando intensamente para acogeros y vivir la experiencia gozosa de la fe. Agradezco a las diócesis, las parroquias, los santuarios, las comunidades religiosas, las asociaciones y los movimientos eclesiales, que están trabajando con generosidad en la preparación de este evento. El Señor no dejará de bendecirles. Que la Virgen María acompañe este camino de preparación. Ella, al anuncio del Ángel, acogió con fe la Palabra de Dios; con fe consintió que la obra de Dios se cumpliera en ella. Pronunciando su “fiat”, su “sí”, recibió el don de una caridad inmensa, que la impulsó a entregarse enteramente a Dios. Que Ella interceda por todos vosotros, para que en la próxima Jornada Mundial podáis crecer en la fe y en el amor. Os aseguro mi recuerdo paterno en la oración y os bendigo de corazón.

Vaticano, 6 de agosto de 2010, Fiesta de la Transfiguración del Señor.

BENEDICTUS PP. XVI

 
El CITeS pone en marcha la web que retransmitirá el Congreso del Libro de la Vida
WWW.TERESADEAVILA.NET
  
 
 

Communicationes
ÁVILA - ESPAÑA (03-08-2010).- La web www.teresadeavila.net que prestará cobertura on-line al Congreso Internacional sobre el Libro de la Vida de Santa Teresa de Jesús ya está operativa. El sitio web emitirá el Congreso íntegramente en directo en cuatro idiomas (español, inglés, francés, italiano), y todas las conferencias y actividades podrán seguirse también en diferido.

Esta iniciativa constituye una “apuesta por la internacionalidad” en este tipo de Congresos y pretende dar respuesta a la gran demanda suscitada por parte de muchas personas y comunidades de carmelitas de todo el mundo deseosas de poder seguir el Congreso, señalaron fuentes de propio CITeS.

Dicho Congreso comenzará el día 23 de agosto a las 17.00 h. con la apertura de la exposición dedicada al Libro de la Vida, y que contará (en la tarde del 23 y la mañana del 24) con la presencia del Manuscrito original de Santa Teresa, conservado en los archivos de El Escorial.

Serán más de 30 las conferencias que podrán seguirse por este medio, además del concierto especial que se dedicará a Santa Teresa en la noche del día 28 de agosto. La nueva página web, www.teresadeavila.net permitirá, previa inscripción, participar a distancia de la totalidad de Conferencias y actos relacionados con este evento cultural y doctrinal organizado por la Orden de los Carmelitas Descalzos.

Por el momento, son ya más de un millar las peticiones recibidas para poder seguir el Congreso por este medio.

 
Edith Stein: una santa y filósofa para el siglo XXI
Entrevista al filósofo Rodrigo Guerra

QUERÉTARO, lunes 16 de agosto de 2010 (ZENIT.org - El Observador

El 9 de agosto de 1942 Edith Stein-Santa Benedicta de la Cruz murió en la cámara de gas del campo de concentración de Auschwitz. El 11 de octubre de 1998 es canonizada por Juan Pablo II en el Vaticano. ZENIT-El Observador entrevistan a Rodrigo Guerra López, Doctor en Filosofía por la Academia Internacional de Liechtenstein, miembro de la Academia Pontificia pro Vita, Director del CISAV (www.cisav.org), y especialista en fenomenología y personalismo sobre la actualidad del testimonio y del pensamiento de esta importante pensadora, mística, carmelita y mártir.

--¿Qué importancia tiene una figura como la de Edith Stein en el momento actual?

Rodrigo Guerra: Edith Stein es relevante para nuestro tiempo principalmente porque es una Santa. Con su vida y con su muerte ella ha mostrado que es posible vivir con radicalidad la adhesión a Jesucristo y el amor a sus hermanos en medio de un mundo que parecía caer en el absurdo, en la irracionalidad y en la violencia. 

 

--Edith Stein es Santa pero también fue una gran intelectual…

Rodrigo Guerra: El itinerario de Edith Stein hacia la santidad no se encuentra al margen de su perfil intelectual. Al contrario, todo su inmenso aporte filosófico es parte de su vida y de un modo misterioso también es parte de su preparación para el martirio. Mártir significa testigo. Edith Stein buscó ser testigo de la verdad al amar apasionadamente el trabajo intelectual que ejerció en parte acompañada de su maestro Edmund Husserl y de otros brillantes jóvenes filósofos como Adolf Reinach, Roman Ingarden y Hedwig Conrad-Martius. Así mismo, ella buscó ser testigo de la verdad al momento de adherirse afectiva y efectivamente a Jesucristo crucificado al ser llamada al Carmelo, y finalmente, al morir en Auschwitz a manos de los nazis. Todo este camino parece indicar que la vocación más honda del filósofo cristiano no termina al escribir libros y hacer carrera académica sino principalmente educando al corazón en una disponibilidad particular a seguir la verdad hasta la Cruz.

 

--¿El pensamiento de Edith Stein es pertinente para quienes vivimos en la primera década del siglo XXI?

Rodrigo Guerra: Sus aportes en metafísica, en antropología de la mujer, en teoría de la persona humana, en teoría del Estado y en las relaciones filosofía-cristianismo son sumamente lúcidos y adelantados a su época. Soy de la opinión que su pensamiento será valorado con mayor amplitud y profundidad en el siglo XXI, tras la caída del racionalismo ilustrado y de las rupturas post-modernas. En Edith Stein es posible encontrar importantes intuiciones que colaboran a superar tanto el racionalismo como la desconfianza a la razón. Pienso, a modo de ejemplo, en el modo cómo utiliza el método fenomenológico: siempre fiel a lo dado en la experiencia y siempre abierto a reconocer que el aparecer revela el ser. Edith Stein, con su fenomenología realista, contribuye de manera sumamente relevante a realizar lo que Benedicto XVI llama “ensanchar los horizontes de la razón”.

 

--Las opiniones de Edith Stein sobre la mujer también fueron adelantadas a su tiempo. Sin embargo, tal vez hoy se necesitaría ir más allá de ellas para construir un “nuevo feminismo”. ¿Qué piensa usted de ello?

Rodrigo Guerra: En efecto, el pensamiento cristiano debe concebirse como un camino que hay que continuar en cada generación. Edith Stein logró desarrollar con gran valentía intelectual una teoría sobre la persona femenina fuertemente asociada al modo cómo ella comprendía la naturaleza del alma humana y el principio de individuación. En la actualidad tenemos que profundizar justo en aspectos cómo éste para mostrar que la diferenciación sexual no es un mero accidente del cuerpo sino que tiene su raíz más profunda en aquello que constituye a la persona humana como persona.

El Magisterio de Juan Pablo II ha recogido justo estas intuiciones que es necesario proseguir a través de un trabajo interdisciplinar. Así mismo, Edith Stein apreció la originalidad de la femineidad sin desconocer los condicionamientos culturales en los que la sexualidad en cada época se encuentra inmersa. Por eso, en la antropología de lo femenino desarrollada por Stein se encuentra la semilla de una teoría personalista sobre la sexualidad y sobre lo que hoy se suele denominar “género”. En momentos como el actual en que se afirma que la consistencia de la persona es principalmente una construcción cultural es necesario volver a autores como Stein para encontrar una adecuada articulación entre naturaleza y cultura que no niegue alguno de estos aspectos sino que los reconozca en su unidad y diferencia.

 

--Figuras como la de Edith Stein-Santa Benedicta de la Cruz son importantes pero no se encuentran fácilmente como referentes religiosos o culturales en la sociedad actual. ¿A qué se debe esta situación? ¿Es posible corregirla?

Rodrigo Guerra: Por una parte, el irracionalismo postmoderno ha generado que ciertos ambientes académicos, muchos ambientes políticos e innumerables medios de comunicación trivialicen al máximo el tema de la verdad. El esfuerzo por volver a las cosas mismas y encontrar en ellas la verdad – como quería Edith Stein - es sumamente arduo en la actualidad. Por eso, se necesitan crear nuevos espacios que permitan que los jóvenes puedan vivir una experiencia educativa alegre que permita la asimilación racional y creativa del pensamiento de Edith Stein y de otros autores que forman parte del legado antiguo y contemporáneo del pensamiento cristiano.

Uno de mis maestros – John Crosby – solía decir que la “communio” es el método educativo para hacer una filosofía que ame la verdad en cualquier lugar dónde esta se encuentre. Amar la verdad y mantenerse fiel a ella es más fácil si se hace en comunidad. Por otra parte, hay que reconocer que a los cristianos nos hace falta una nueva pasión personal y comunitaria por la verdad. La insistencia de Benedicto XVI respecto de una nueva racionalidad más abierta y comprometida me parece que se encuentra justo en esta dirección. Me parece que por ello es preciso trabajar por crear comunidades científicas que nutridas por la experiencia cristiana permitan ser ayuda a nuestra frágil razón y a nuestra frágil voluntad.

 

--Edith Stein vivió una amistad de este tipo con Husserl, con Ingarden y con algunos de sus amigos: ¿es posible encontrar hoy personas y comunidades de esta índole?

Rodrigo Guerra: Durante largos años filósofos como Angela Ales Bello, Anna Maria Pezzella, Alasdair MacIntyre, Josef Seifert, Walter Redmond, Urbano Ferrer, Juan Caballero Bono, Francisco Javier Sancho, Eduardo González di Pierro, Diego Rosales y otros han promovido el estudio del pensamiento de Edith Stein con gran sacrificio y a contracorriente. Su testimonio y ejemplo han motivado la creación de círculos de estudio, instituciones, congresos, y en el fondo, un verdadero movimiento que reconoce que Edith Stein es un parteaguas intelectual y espiritual para el mundo de hoy. En la Academia Internacional de Filosofía de Liechtenstein y Chile, en la Universidad Lateranense, en el Instituto Edith Stein de Granada o en el CISAV en México también encontramos vivo a este movimiento de diversas maneras.

 

--Edith Stein hizo una filosofía cristiana y dio testimonio cristiano de amor a la verdad hasta el sacrificio de su propia vida: ¿qué lección nos deja ella para el momento actual?

Rodrigo Guerra: Creo que Stein entre otras cosas nos enseña que la vida cristiana no está fracturada de la vida intelectual y que el quehacer intelectual realiza mejor su vocación cuando se deja provocar por el acontecimiento cristiano. Así como Balthasar decía que es preciso volver a hacer “teología de rodillas” me parece que los filósofos cristianos también debemos recuperar la conciencia de la necesidad de unir la vida espiritual al trabajo filosófico. Stein también muestra que la adhesión a la verdad y a Cristo, cuando se toman en serio, no pueden estar asociadas a la cómoda vida burguesa sino que se deben proyectar en compromiso real por las personas, en especial, por las más vulnerables y perseguidas. Un personalismo que no pase por un compromiso militante y solidario a favor de la dignidad humana y la justicia se desfonda por falta de congruencia.

 

--¿Es posible que el pensamiento cristiano vuelva a tener un lugar en la cultura contemporánea? Tanto en Europa como en América Latina las sociedades cada vez más parecen configurarse como si Dios no existiese…

Rodrigo Guerra: Cuando Husserl murió, Edith Stein le escribió una breve reflexión a una de sus amigas: “No tengo preocupación alguna por mi querido Maestro (Edmund Husserl). He estado siempre muy lejos de pensar que la misericordia de Dios se redujese a las fronteras de la Iglesia visible. Dios es la verdad. Quien busca la verdad busca a Dios, sea de ello consciente o no.” Este breve texto refleja una actitud de honesta simpatía por todo lo humano, por todas las búsquedas sinceras de la verdad aún cuando estén llenas de fragilidad. Así mismo, muestra una confianza grande en la gracia que opera de manera misteriosa pero real en todos.

El pensamiento cristiano y en particular la filosofía cristiana resurgirán como una propuesta culturalmente relevante para Europa y para América Latina no tanto a base de planes estratégicos o de exhortos más o menos encendidos sino cuando formemos nuevas generaciones de jóvenes capaces de reconocer en el seno de la modernidad y de su crisis la voz de las exigencias fundamentales que brotan del corazón humano. Estas exigencias siempre están marcadas por el hambre de verdad, bondad y belleza. Al final, estas exigencias, son anhelo de que un Dios vivo y encarnado se haga presente y reconstruya la vida dándole sentido a todo. Todo ser humano busca a Cristo aunque no lo sepa. Toda búsqueda honesta de la verdad contribuye a que una nueva cultura emerja, una cultura en la que el cristianismo pueda vivir con libertad, y desde esta experiencia, ofrezca el aliento necesario para pensar la verdad con nuevos ojos.

Por Jaime Septién

 
Hannah Taylor, la niña que plantó cara a la Pobreza

Hoy queremos contar la historia de una niña que ha cambiado el mundo.

Cuando Hannah Taylor tenía 5 años, vio a un hombre comiendo de un container. Él levantó la mirada y la fijó en ella. Hannah le preguntó a su madre por qué ese señor estaba haciendo eso y ella le contestó que ese hombre no tenía comida. Hannah no podía entender como era posible que hubiera personas sin comida y sin casa, le preguntó preocupada a su madre más cosas esa misma noche y a lo largo del año siguiente.

 

Un día, su madre le dijo “Hannah, quizás si hicieras algo por ellos no te sentirías tan mal”. Así que Taylor organizó una venta de pasteles y una recogida de ropa en su clase de primer curso para conseguir dinero que fuera de ayuda.

Ese esfuerzo se convirtió en una bola de nieve que no dejó de crecer. Su hermana, que por entonces era un bebé, tomaba muchos potitos así que decidieron reutilizarlos pintándolos como si fueran mariquitas y poniéndolos en todas las tiendas como huchas para recaudar dinero. Esa iniciativa se transformó en la Ladybug Foundation (Fundación mariquita), una organización dedicada a terminar con este fenómeno y que desde entonces ha conseguido recaudar más de 2 millones de dólares.

Hannah ha tenido la valentía de hablar cara a cara con el Presidente de Canadá y con hombres de negocios para que le dieran dinero para su fundación pero no todo ha sido un camino de rosas en este tiempo. Hannah nunca olvidará el momento más duro:

“[Fue] cuando dos de mis amigos murieron por no tener un techo. Encontraron a uno de mis amigos, Patches, a la orilla del río; se había ahogado. Tenía exámenes y no pude ir a su funeral. El otro, se heló hasta la muerte porque no pudo encontrar un sitio donde dormir. Éstas son las cosas mas tristes y más duras”.

Pese a ello, Hannah sigue trabajando incansable para terminar con este problema. Cuando la fundación logre su objetivo las personas se tratarán unas a otras como si fueran de la misma familia, los sintecho tendrán hogares y no tendrán que seguir comiendo de cubos de basura.

 
Una práctica guía para el apasionante viaje por el libro de la Vida de Santa Teresa
“VIDA QUE TRANSFORMA VIDAS”
 
 
 
Communicationes
MÉXICO (25-07-2010).- ¿Qué esconde cada capítulo del Libro de la Vida de Santa Teresa? ¿Qué enseñanza transmite? ¿Cómo orar con el libro teresiano? son algunas de las preguntas que ayudará a resolver el libro “Vida que transformas vidas”, que pronto verá la luz de la mano de la Editorial Santa Teresa de México.

Se trata de una interesante iniciativa nacida a la sombra de la propuesta del 90 Capítulo General de los Carmelitas Descalzos, celebrado el pasado año en la localidad portuguesa de Fátima, de profundizar en la lectura del “Libro de la Vida” y de acercar al gran público a los escritos de Santa Teresa de Jesús como preparación a la celebración del V Centenario de su nacimiento.

Un conjunto de fichas, a modo de guías de viaje, presentan de manera clara qué es lo que hay que "ver" en cada etapa de la vida de Teresa, en cada capítulo de su autobiografía, en cada anécdota. Cada ficha de este libro está compuesta de un concepto principal, que en numerosas ocasiones da pie a una reflexión. A partir del tema principal de cada capítulo se propone una actitud, una virtud o un valor con sugerencias concretas para la vida cotidiana.

Sin embargo, la enseñanza teresiana más importante que se quiere transmitir, como parte fundamental del peregrinar espiritual, es la oración. Por ello cada ficha tiene una sugerencia para la oración semanal, con el fin de invitar al lector a entrar en diálogo con Dios y a iluminar su vida cotidiana a partir de esta relación de amistad.

En este sentido, “Vida que transforma vidas” quiere ser también un apoyo sencillo, pero práctico, para reforzar la experiencia personal de oración de la mano de Santa Teresa de Jesús.
 
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